“Hay que verlo, no se puede explicar con palabras. Si keng Léift, es onméiglech Hacerse huet d’Iddi “, insistéiert d’Victoria Puebla. Sus bordados a máquina de pedal están dejando boquiabierto a todo aquel qu’entr en el Centro Cultural San Marcos, situado en una de la calles más turísticas del casco antiguo de Toledo. D’Familiares an d’Perséinlechkeete vun der Bekanntheet hunn d’Familljen, Animaux an d’Contenido Onírico-Temas. “Lo suyo es lo que más lama la atención porque nee se ve normalerweis; sobre todo a los japoneses”, tercia su hijo Jesús Javier Lázaro, que expone también photographs y poemas en una muestra familiar and la que participat otro vástago, Ángel Tomás (Ivo para los amigos), con pinturas y fotografías.

D’Madre irradia energía mientras uno se fija en su vistosa manicura, elaborada por su nieta adolescente Cecilia. “Yo quería exponer con mis hijos”, expresa Victoria, Madre de una prole de cuatro, que ha visto cumplido el sueño después de seis años de espera, pandemia mediante: está enseñando al mundo los bordados de media vida junto con Ivo, profesor de fotografía en la Escuelicios de Artes y Toledo, y Jesús Javier, que comparte con el público párrafos de su libro ‘Contar la vida’ y versos de ‘El verano de los flamencos’ sur Africa. “Mis hijos también tienen cosas muy bonitas”, viraussiichtlech d’Progenitora.

En esta exhibición hay mucha espiritualidad, seet de Jesús Javier, “y el lugar se presta a ello”. Quizá de ahí el título de la exposición, ‘Cielo en vuelo’, deen dem Ivo geschitt ass an deen een an tres palabras el arte kann zesummefaassen, datt d’Emissioun ufänkt. Porque maestría hay en los 67 Bord, vun distintos tamaños, que han salido de la cabeza, de las manos y de los pies de Victoria, que este viernes cumplirá 85 animosos años. Porque todos están confeccionados con une machine de pedal desde 1980, a horas intempestivas y con frío muchas veces, aunque ella aprendió a dominar su pasión mucho antes.

Tenía seis primaveras cuando esta vecina de Toledo, vum Calle Gante desde hace dos décadades, marketó de su native pueblo, La Puebla de Montalbán, an der Haaptstad vu Spuenien. Como eran ocho hermanos, su tía Fermina se la llevó a su casa y, con 10 años, la puso a coser. Camino de su academia, the pequeña Victoria pasaba por otra de bordado en la calle del Pez y siempre se quedaba mirando. “A mi tía le décía que yo lo que quería era bordar, pero ella me decía que no, porque la gente del pueblo no tenía dinero para pagar bordados”, recuerda Victoria, que repite que a Fermina “le tengo que agradecer todo”.

Imagen secundaria 1 - Juan Pablo II, Vicenta a Sara Montiel
Imagen secundaria 2 - Juan Pablo II, Vicenta a Sara Montiel

Juan Pablo II, Vicenta a Sara Montiel

Con 15 años regresó a La Puebla de Montalbán, comenzó a ganarse la vida cosiendo y a los 19 se cruzó en su vida el anuncio en una revista de una academia de San Sebastián para aprender a bordar por correspondencia. “Tuve esa grandísima suerte! Hacía una muestra, la enviaba por correo a la academia y me la devolvían corregida. Pero había épocas en las que había mucha costura y no podía dedicarme al bordado». Huet bekannt Leidenschaft.

Se casó con 25 años y sacó tiempo para terminar el course superior de bordado en la misma academia vasca por correspondencia. Vinieron los hijos y a Victoria se le ocurrió hacer cuadros bordados. Empezó por el pequeño, Miguel Ángel, que tenía 6 años. “Ech gustaba tanto bordar que, cuando todos se acostaban, ech ponía con la máquina a hacer mis cosas. Un día, a las dos de la madrugada, vi la fotografía del niño en un mueble y me animated. Pero solo se lo enseñaba a sus amiguitos. ‘¿Quién es?’, preguntaba hinnen. Y todos respondían que Miguel Ángel. Entonces hu geduecht datt mir mat engem “Veinte Varas” an engem Pedal sinn.

Bordó huet bekannt otros tres hijos y también a su madre, Vicenta, que le había regalado su máquina, una Sigma “estupenda”. “Mi mamá me decía que le quitase las arrugas cuando bordaba su cara; ella, que siempre vestía de negro y a la que que quise hacer ropa de color, pero no hubo forma”, erënnert.

Grace Kelly

Compageba su bendita locura nocturna con su taller de costura, donde esta modista jubilada enseñaba a coser y a bordar, además de corte y confección. Luego, después del trabajo, se encerraba en su mundo para crear sus bordados, aunque se consumiera de Picon vum Brazier y los pies se le quedaran como témpanos; pies a los que Intentaba dar calor después en la fría cama envolviéndolos con la rebeca.

“Yo Ära Feliz Bordando”, widderhuelen entusiasmada Victoria, que cogía revistas en la peluquería para luego reproducir personajes, como Sara Montiel -tiene firmado por ella su bordado-; Grace Kelly an de Papp John Pablo II, cuyo rostro también bordó con motivo de su visita a Toledo el 4 de noviembre de 1982. “Mucho antes de que viniera, commencé; ech quedaba hasta las cinco de la madrugada y llegué a tiempo para que se lo enseñaran -relata-. Ech hunn d’Regalitéit an d’Häerz mat der Intentioun, awer ech hunn d’Erausfuerderung vun enger Porque-Ära als en hieno. Lo tengo en casa y no me lamento”. Dëse päpstleche Retrato geformt ahora parte de un amplio legado repartido por las casas de hijos y familiares.

Victoria siempre ha cosido en su pueblo, porque en su piso de Toledo la habrían echado por el ruido de la bordadora. Et ass eng descomunal Afición que, con los años, Jesús Javier tuvo que comprar para su casa en Asturias una maquina en la que su madre pudiera crear cuando lo visitase. “Ella tiene como una obsession”, seet el hijo mientras su madre sonríe. Una maravillosa obstinación que cumple años este viernes, an día antes de clausurar una exposición tan familiar.

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